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Análisis sobre la situación contemporánea del mundo de la salud en perspectiva antropológica

Análisis sobre la situación contemporánea del mundo de la salud en perspectiva antropológica

“Se puede decir que el hombre se convierte de modo particular en camino de la Iglesia, cuando en su vida entra el sufrimiento.”

Salvifici Doloris. Juan Pablo II. 1984

Existe desde tiempos antiguos la ambición prometeica de alargar el momento de la muerte y suprimir el sufrimiento, hoy con la ciencia médica y sus avances científicos y tecnológicos, dicha ambición es alimentada también por a una economía de consumo poderosa en medios.

Cierto que los medios tecnológicos y científicos han permitido reducir una parte del sufrimiento, es un gran avance, y disfrutamos de un periodo donde una buena parte de la humanidad se beneficia de ello. ¿Pero es esto lo más importante de la felicidad del ser humano?

La perfección de los medios  y la confusión de los fines parece caracterizar nuestra época”  ya lo decía Einstein. Tenemos muchos y maravillosos medios tecnológicos y científicos, pero, ¿en vista de qué usarlos? ¿Tenemos la prudencia para aplicarlos? ¿No ponen en riesgo algunos fundamentos de la dignidad humana? Una bomba atómica explotó sobre el mundo de salud y no nos hemos dado cuenta…

¿Pero que causó esta explosión? Varios factores se combinaron, pero que están entrelazados: de hecho la humanidad entera está en una triple revolución (Cfr. P. Samuel Rouvillois. Empresa Humana Perdura.) La Industrial, la tecnológica y la del consumo. No las explico en este texto: simplemente diré que el mundo de la salud se encuentra en una situación estrambótica como la mayoría de la economía, por un lado una súper-racional e inteligente industrialización creciente, y por el otro una irracionalidad pasional que explota el deseo para el consumo. Situación esquizofrénica. Que tiene a la humanidad sumergida en varias colapso como el del 2008.

Hoy por hoy la salud no se puede reducir a una simple adición de lo que en el organismo y en el psiquismo funciona bien. (Es lo que nos quiere vender una economía de consumo) No está de más preguntarnos ¿Por qué es en términos de “duración” de vida que los protocolos terapéuticos son evaluados? ¿Es el bien del hombre vivir más tiempo?  ¿Alargar la vida de los individuos los hace más felices?

Por otro lado la ciencia positiva que se limita a lo que sus instrumentos pueden medir y decir, no nos dice nada sobre el sentido de la existencia y lo que realmente da esperanzas a una persona en crisis de salud. Y pues en su “maridaje” con lo económico industrializado-consumista, está claro que las prioridades son otras…

Economía de consumo

Hoy por hoy los sistemas económicos y políticos nos hacen creer que “la enfermedad es el enemigo público # 1”, que “vivir sano” es lo más importante, sin decir con claridad el contenido preciso de ese slogan.  ¿Qué es la salud del individuo? ¿A que llamamos saludable?

También esos sistemas económicos presionan el mundo de la salud al punto que al volverse un negocio rentable cambia sus objetivos esenciales. El poder económico que aprisiona los sistemas de salud, amenaza hoy por hoy la esencia misma de la medicina. ¿Vemos esto?

Esta preocupación un poco febril de eficacia que persigue la investigación científica, aliada con el poder económico, ¿no ha hecho que se pase de largo, algunas cuantas cosas sobre la verdad del hombre y su dignidad personal y social?

El nacimiento de los sistemas médicos colectivos.

Muchos doctores y trabajadores del área médica se quejan de las presiones que reciben por parte de las farmacéuticas, de las compañías de seguro, de los vendedores de instrumentos y terapias, sin satanizar, una serie de intereses económicos y también políticos se mezclan en el mundo de la salud.

Añadamos a esto los medios colectivos, la seguridad social masiva. Hay todo un sistema organizado científicamente, toda una estructura colectiva para optimizar la salud. Y un hospital tiene una rentabilidad a alcanzar, por lo que el director no puede dejar hacer como así, al médico o enfermero… ellos se invierten en función de lo que hay que optimizar y generar rendimientos.

El quid de la medicina alternativa.

Experimentamos recientemente un boom de la medicina alternativa  que se instalan en los límites o fronteras de la medicina alopática. Esta situación es quizá el fruto de una reivindicación muy sencilla, pues la medicina alternativa guarda más la relación personal, es más cálida, tomando más en cuenta en su totalidad lo que la persona es,  y que a veces obtiene resultados interesantes y sin el efecto secundario tan temible de la medicina alopática. Claro la actual medicina alopática es sumamente eficaz y poderosa en muchos sentidos.  Ocupa dada la crisis actual, reinterrogarse sobre su base antropológica.

¿Qué opciones tenemos? Un racionalismo cartesiano que no se interesa a los otros conocimientos (Si lo hace es de manera periférica). O aceptamos una mezcla rara de medicinas tradicionales y nuevas tipo new age. O aceptamos reflexionar sobre las cuestiones antropológicas fundamentales tal que la filosofía occidental las ha desarrollado y nos dan una base especulativa y practica firme para abordar las diferentes medicinas. Ese es el reto. Hay un peligro real que amenaza a la medicina. El reduccionismo positivista. De cierta manera las medicinas tradicionales y alternativas le obligan a cuestionarse sobre sus cimientos.

Pero dirás ¿qué tiene que ver la filosofía? ¿Yo tengo que sanar a tal persona? Es en vista de hacer algo, de regresar la salud a la persona, se trata de un conocimiento sobre el hacer y no tanto sobre lo que es el hombre… busca el funcionamiento del hombre no quién es. Y si tanto la alopatía como la alternativa buscan la eficacia, sanar, para ello hasta lo religioso es “usado” para sanar. ¿Es esto válido? ¿Podemos saltarnos eso? ¿Podemos hacer eso? ¿Sanar al hombre sin reflexionar quién es y cuál es su felicidad profunda?

Eso implicaría  que la meta es “estar saludable” pero ¿y su corazón profundo? Lo sabemos, sería reducir al ser humano a un animal saludable y su felicidad implica mucho más que eso.

Encontrar respuestas a las interrogantes antropológicas que se plantean tanto el acompañador como el paciente a la hora de enfrentar la enfermedad y la fragilidad es tan importante, quizá más, que los conocimientos científicos que se ocupan para sanar.

Nuestro primer trabajo entonces es de poner en evidencia la riqueza de la persona humana y toda su capacidad de desarrollo en todas sus dimensiones y no solo la corporal.

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