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¿Por qué Martin Lutero es tan importante para comprender el Occidente y su fracaso?

¿Por qué Martin Lutero es tan importante para comprender el Occidente y su fracaso?

Por Raul Rodríguez Garza

Cuando se toca la figura de Lutero es pensar en una de las principales raíces del Occidente y uno de los personajes más importantes surgidos de la Cristiandad. Tratare de ser más específico: Lutero es el iniciador del Occidente y, paradójicamente, el que comienza a destruir lo que se conocía como la antigua Cristiandad.

Ahora bien, procedo a hacer la diferencia entre estas dos civilizaciones:

La cristiandad es la civilización política que tiene como base cultural el evangelio y donde la Iglesia es la autoridad de dicha civilización; mientras que Occidente es una civilización que surgió posteriormente de las guerras religiosas y que dio nacimiento al Estado como autoridad política y religiosa. Es esta civilización la que debemos llamar Modernidad o una de las tantas modernidades que existen, enfatizando que es esta la que domina actualmente el pensamiento occidental.

No es una exageración subrayar que Lutero es el padre de Occidente. Ahora bien, hay que señalar que el fundamento de la civilización Occidental es el Estado. El Estado, como artificio y como ente histórico que plantea una nueva forma de abordar la comunidad humana y que pretende sustituir a la Iglesia como orden social, tiene de fondo mucha influencia luterana. No es de extrañar que el que invento el Estado, es decir Hobbes, tuviera muchas semejanzas con el teólogo agustino alemán.

En primer lugar, la antropología pesimista con la que parte Hobbes tiene un trasfondo luterano importante. David Thomson, un importante investigador de las ideas políticas lo deja muy en claro:

“Si tal institución no existiera, ningún hombre podría sobrevivir del ataque de los demás: se devorarían los unos a los otros como lo hacen las bestias salvajes. Esta explicación de Lutero acerca de la naturaleza del gobierno coincide con la que da Th. Hobbes: igual que este, ve Lutero, el Estado, como la única barrera que impide a los hombres caer en la anarquía”.[1]

En segundo lugar, derivado de la antropología pesimista, Lutero afirma al poder político como la esfera predilecta en la que Dios se manifiesta para salvar a los cristianos de la mano de sus enemigos. El hombre totalmente corrompido por el pecado original que no abraza la fe es un ser que tiende a ser “lobo del hombre”, por lo cual la espada secular es un ámbito casi sagrado y que Dios dispone de él para asegurar la paz en el mundo. La anarquía era el peor pecado para Lutero, por ello su malestar para con los campesinos frente a los príncipes. Lutero llego a afirmar que si el pueblo tenía un mal gobierno es porque se lo merecían y tenían que estar sumisos ante dicho gobierno. Hobbes tomara esta forma de ver la política denominada “cratológica” y que el Estado, nuevo ente histórico, fungirá como aquel que salve al hombre del hombre.

En definitiva: Hobbes crea al Estado bajo la influencia espiritual del protestantismo. El Estado es, simplificando un poco, el sujeto que los filósofos pensaron durante siglo para hablar establecer el mito del “Fin de la Historia”. Es decir, de un futuro venidero en la cual el Estado va a establecer un reino de neutralización total del conflicto humano. De ahí que la política, en la modernidad, tuviera mayor importancia que el aspecto revelado. La política, absorbida por el Estado, tomo el papel de religión. No por nada Voegelin, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, señalaría que el Estado asemeja al faraón egipcio en su aura divina.

Modernidad es entonces igual a Estado, y todo esto tiene núcleo protestante.

En palabras de Álvaro D´Ors

“Porque moderno equivale a “protestante”, con todas las graves consecuencias que esto tiene para la historia europea y universal, empezando por la general entronización de la idea de Estado. (…) Así, modernidad equivale a “protestantismo”, y a todos los fenómenos que caracterizan Europa, en estos últimos cinco siglos son todos ellos de raíz protestante.”[2]

Modernidad es equivalente, siguiendo la línea de D´Ors, a protestante y todo esto se puede englobar como la civilización que tiene de base al Estado: Occidente. Habría que hacer un poco de recapitulación de la historia de la filosofía y darnos cuenta de que todas las ideas que se formularon posterior a la guerra de religiones giro en torno a la historia del Estado. Y, además, la historia se transformó en un camino ascendente hacía el progreso de la humanidad que tendrá como fin la esperanza de una paz eterna y de la recuperación del paraíso perdido en este mundo. Todo ello porque el Estado, como sustituto de la iglesia, le ha arrebatado todo incluso su escatología. El Estado, en palabras de Hobbes, es una Iglesia particular y Dios mortal en el mundo.

El Estado en sí como tiende a neutralizar tiende a la secularización que más bien debería llamársele politización como lo señala Remi Brague. Hablar realmente de secularización no tiene sentido, de lo que se tiene que hablar es de politización de la realidad humana. Todo está hoy en día politizado: desde los temas biológicos y la muerte como los baños públicos. Y es que el Estado termina por querer abarcar todos los aspectos de la vida humana. Sustituyendo a la Iglesia en ese aspecto, el Estado promete así la salvación en esta vida. Por ello, las ideologías, que son sustituciones de la revelación, germinan fácilmente en tierra construida por el Estado.

Hacer este énfasis y diferenciación es importantísimo para comprender nuestra época y saber dónde estamos parados y poder responder a las preguntas que nuestra época nos exige responder. De antemano hemos de decir que estamos en una época que se hace llamar a sí misma “posmoderna” y que suele ser usada como “cliche”. Ahora bien, cuando hablamos de posmodernidad la usamos como un término contrario a lo moderno y como una forma de expresar que la Modernidad esta ya superada o en vías de estarlo, sin embargo, estos son debates muy interesantes que no pretendo ahondar mucho por el momento. Me limitare solo a señalar que si hablamos hoy en día de posmodernidad es que la Modernidad sufre una crisis. Esta crisis no es más que la crisis del Estado.

Si hoy en día se pretende partir de una filosofía de la deconstrucción es para derrumbar toda la filosofía del Sujeto y del Fin de la Historia que hoy en día tanto daño nos ha hecho. Pero quizás, más que la de tratar de resolver los problemas actuales con una reflexión filosófica, debemos partir del logos Juanico, es decir, del Evangelio. La revelación cristiana, la fe en Cristo, es realmente el mejor antídoto para eliminar toda superstición e idolatría. Y lo que actualmente necesitamos es des mitologizar el ambiente en el que actualmente el hombre moderno se mueve y eso consiste en derribar la superstición del progreso y del Fin de la Historia que el sujeto llamado Estado ha impuesto en las consciencias.


[1] Thomson, David, Historia de las ideas políticas, Editorial Nueva colección labor, Barcelona, España, 1967.

[2] D´Ors, Álvaro, La violencia y el orden, Editorial Criterio Libros, Madrid, España, 1998.

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