Ética de un líder contemporáneo.

Ética de un líder contemporáneo.

Recorrido abril-mayo café filosófico 2020

  • LA LIBERTAD COMO ALGO A CONQUISTAR

Se habla mucho de ser libre; humano y libre, es casi sinónimo hoy en día. Amamos y seguimos casi como por necesidad a aquellos que nos parecen menos atados, con menos restricciones, menos dependientes de aquellos que tienen límites temporales, espaciales, económicos, políticos e inclusive religiosos.

En lo personal, después de mucho reflexionar sobre la libertad, me doy cuenta que nunca aparece sola sino como una propiedad de nuestros actos, algo que los acompaña y no como el fin. Hacemos muchas cosas en automático, o por naturaleza, o por cierto clima, familia, cultura, esta nos empuja a tomar tal o tal actitud, a elegir tal o tal medio, pero no por ello somos menos libres…. Entonces ¿dónde aparece la libertad?  Solo aparece cuando decidimos, porque hemos deliberado,  hemos perseguido algo que consideramos bueno, entonces es que ELEGIMOS, más o menos libremente, de manera que son nuestros actos los que en realidad podemos CALIFICAR como libres o no. ¿Se entiende?

Así pues la libertad no es un absoluto, ni la medida sobre la verdad o bondad de nuestro actos. Siendo sinceros es una como cualidad, ciertamente muy noble, pero no es lo primero, ¡ni lo mas importante de nuestro actuar!

Miguel Ángel desarrolló la Capilla Sixtina, una de las más bellas obras de arte, no movido precisamente por su libertad, sino orillado a ello por la autoridad un tanto limitante de un Papa… pero al interior de esa restricción, liberó su potencial creativo.

Al ver todas las limitantes que tenemos en nuestra vida y las que se añaden del medio en que vivimos, (incluida la pandemia coronaviral, jeje) pudiéramos bajar los brazos y dejar de luchar por lo que amamos, entonces dejaríamos de ser libres… pero el motor clave, es esa INTENCIÓN DE VIDA, ese luchar por lo que amamos… aparece la libertad interior y como Miguel Ángel, no son las restricciones las que limitan mi persona, el ejercicio de mi libertad. Es algo a conquistar día a día, continuamente y cada vez más, aun si exteriormente nos vemos limitados por muchas cosas…

  • La pregunta ética del bien

Pero… ¿Luchar por cualquier cosa? ¿Qué puede ser realmente una intención de vida? Algo que polarice y de sentido realmente a toda mi vida. No puede ser cualquier bien, no puede ser algo inferior a mí. ¿Cómo puedo decir que algo es bueno? Existencial y moralmente.

Aspiramos a un bien que permanezca, y como líderes tenemos que reflexionar mucho en esto. Porque nos estamos formando para llevar a las personas al bien, que los haga crecer como personas, a ellos, a nosotros mismos.

¿Qué es bueno para ti?

Haz esa lista de cosas que consideras realmente y poderosamente buenas, atractivas para ti, que no cambiarías por nada, indaga, piensa en esas cosas que consideras que te hacen bien, que dices: esto es bueno.

El atardecer en la playa, la creación de tal obra o proyecto, el desarrollo de tal relación humana, la conquista de tal cumbre, deporte, actividad… Acciones que hacen de nosotros personas.

¿Has encontrado alguna cosa que te movilizan de tal manera … que te hacen voltear, que te ponen en camino sin titubeos? A veces también nos damos cuenta que muchas de esas cosas son efímeras.

Somos atraídos y deseamos, ¡tenemos una predilección! Y nuestra vida es eso. Nos definen de cierta forma nuestras predilecciones, moralmente es lo que somos, si preferimos en una mayor proporción el dinero, las fiestas, la amistad, la filosofía, el arte la ciencia, la cerveza, tal o tal alimentación, eso nos define quienes somos, y a veces esa composición de preferencias puede ser viciosa o virtuosa, a eso le podemos llamar junto con el sabio Aristóteles  nuestro modo de ser [1]

Pero ¿es eso un bien último? ¿un bien por el cual dejo todo?  ¿por el cual deseo todo lo que deseo?

  • ES UN BIEN-FIN

Está de moda eso de tener un propósito, pero no cualquiera, no podemos amar cosas que terminen por esclavizarnos, cosas inferiores a nosotros por grandes que parezcan. Aspiramos a lo que permanece, a un bien igual o mayor a mí.

Mi actuar ético será en consonancia a eso:  al ponerme en la búsqueda de eso que considero como mi  bien, me ennoblecerá o me deteriorará como persona.

¿Ven? Mi inteligencia y mi voluntad presentes, porque mi inteligencia deliberando dice a mi voluntad, elígelo, búscalo, conquista eso.

Entra en juego una serie de situaciones, ya nos decidimos echarnos al ruedo, aceptar los riesgos,  ¡amar! Palabra clave, amar un bien que nos ennoblece. Aquí es precisamente que se desarrolla en nosotros una verdadera experiencia ética y no es algo abstracto, es un amor específico por un bien.

¿No es esta la experiencia de la Amistad? ¿Del amor de amistad? Que lleva a formar familias, grupos, etc. noble, cualitativa, no se trata de la “amistad” entre comillas porque no es la auténtica, por placer o por utilidad, pues ese tipo de amistades duran poco, lo que dura el placer o la utilidad. No es de esa clase y aunque la amistad nos proporciona alegría y utilidad pretende algo más, es más que eso, aspira igualmente a un amor espiritual no pasajero.

  • ASPIRO A UN BIEN FIN DE MI VIDA

Buscar entrar en relación con eso que me hará feliz es la fuente de una verdadera experiencia ética (las  normas y preceptos vienen después en el sentido de que son en vista de procurar mantener esta dirección al bien). Y este bien quedamos, no puede ser sino una persona en el ejercicio de la amistad, o la contemplación del Ser primero, lo que las tradiciones religiosas llaman Dios.

Como líder ¿Qué implicaciones tiene esto?

Cuando eres líder una serie de dilemas éticos vienen a ponerse a tu puerta, ¿Serás capaz de responder a cada uno de estos retos?

Muchos de estos dilemas éticos contemporáneos vienen de situaciones nuevas que por ejemplo la ciencia y la tecnología nos ponen, y que ninguna de ellas logra resolver… ¿por que? Porque no es su dominio, su dominio es transformar cosas, manifestar la potencia de la materialidad de las cosas.

Y no saber si es eso lo que nos hace felices, amables… Entonces nos damos cuenta que es una falsa pista querer resolver la ética por la física ¿no?

Con esto te doy un FUNDAMENTO para un verdadero actuar ético, este fundamento proviene de una experiencia y no de ideas, por lo que si caminas un poco más en eso, tendrás el principio, y será más adecuada tu resolución a los problemas y dilemas éticos de la actualidad.

Es el bien que nos atrae, su bondad, lo que despierta en nosotros el actuar bien, entonces la ética. Pero una ética del bien. Pues solo este nos trasforma, nos hace buenos éticamente.

Solo un bien-fin de mi vida es capaz de ayudarme a orientarla, ordenarla, pues al poner un primero, ¿no es ello lo que le da orden?

Es algo a conquistar, como la libertad, como el amor.

Pero tenemos que redefinirlo y redescubrirlo para cada generación, los filósofos han hablado y cierto ¡hay que oírlos! Pero tú tomarás tus propias decisiones, ¿sobre que base lo harás? Y ¿sobre que base ayudarás a los demás para hacerlo?

Manantial escondido

Hemos descubierto, este manantial escondido, que puede darle sentido a tu vida y unificarla, ese bien-fin que me atrae poderosamente y elijo.

Este bien es capaz de organizarme, sin caer en el escollo de una simplificación, donde no se tome en cuenta el peso del condicionamiento, y la complejidad de lo que somos.

Cuerpo y alma, carne y espíritu, instintos, sensaciones y espíritu. Eros y ágape. Complejidad que comúnmente nos lleva a una dialéctica de oposición que termina por dispersarnos, por hacerlos irreconciliables.

El bien-fin es a la vez exterior pero con un efecto interior en mi y  esta síntesis interior, es nuestra persona, nuestro “yo soy” profundo, del que manan nuestras elecciones, decisiones, que nos hacen personas, pues estamos unidos al bien que nos hace persona.


[1] Aristóteles. Ética Nicomaquea 1106 a10.