Soy lo que festejo

Soy lo que festejo

La Fiesta como lugar antropológico

Nada más humano y auténtico que el momento que en nuestros días llamamos “la fiesta”. Y como muchas grandes experiencias humanas hay de mas y de menos, hay malversación, mal uso y desvíos, en este concepto y muchos otros  como “amor”, “amistad”, “libertad”.  Y no creo que sea solo de esta época… aunque parece acentuarse dada la complejidad y diversidad de los medios de comunicación y de información. Pero pongámonos por meta tratar de encontrar en medio de los rescoldos de nuestra actual civilización “gemas” y “perlas” que nos den la clave de su significado.

He escogido este tema porque considero que lo que llamamos con el nombre genérico de “la fiesta” es un lugar antropológico donde “Podemos tomar el pulso al hombre en el punto más adecuado, aquel al que nos conduce la experiencia del hombre y a la que el hombre no puede renunciar sin la sensación de perderse a sí mismo[1]

Somos lo que festejamos, festejamos lo que amamos, lo que consideramos bueno, verdadero, auténticamente humano, y en esa línea de búsqueda que hemos hecho juntos, sobre todo en esta etapa pandémica, y que arrancó con la compresión de la libertad, la fiesta viene bien a sintetizar y concretar las diferentes búsquedas que emprendimos en este café filosófico de tiempos de cuarentena.

Si me aguantan unas cuantas distinciones y precisiones, prometo llegaremos a un satisfactorio concepto analógico de la fiesta y del festejo. Empecemos por distinguir trabajo y fiesta.

Trabajo y fiesta

“Solo un trabajo lleno de sentido suele ser suelo donde prospere la fiesta” [2]

No trabajar y luego festejar a todos nos parece injusto ¿no? Pero lo que hace que algo sea día de  fiesta no puede ser solo en contraposición al día de trabajo.  Si consideramos la fiesta como día de liberación del trabajo, ciertamente, hacemos algo distinto, hecho mas gratuitamente. No se puede festejar todos los días, carecería de sentido, y terminaría siendo fiesta hueca. En la fiesta se accede a algo distinto a lo cotidiano.  “Trabajar y festejar viven de la misma raíz, de manera que si una se apaga la otra se seca” [3]

El trabajo no puede ser la fiesta misma  (ser muy productivo, alcanzar la meta, etc) por más que en el comunísimo de los años 60 se nos trató de vender “el sísifo dichoso” bajo la figura de un  radiante tractorista de la URSS, feliz de cumplir la meta quinquenal…  En contraposición pudiéramos pensar que esto es incluso mas noble que un simple matar el tiempo de una sociedad volcada a divertirse y entretenerse

El trabajo es para crear algo, hay una meta económica, utilitaria, productiva. Normalmente, por el contrario la fiesta es gratuita, en el sentido de ser una actividad que hacemos por si misma y no por otra cosa.

Aburrimiento, juego y diversión

Aburrirse; después de trabajar ¿Qué sigue? relajarte, divertirte, fiesta y juego parecen estar muy enlazadas, diferente al trabajo; en eso estamos todos de acuerdo.  Buscamos actividades que tengan sentido en ellas mismas, el deseo de esparcirse, del salir del aburrimiento, cosa hoy muy explotada en nuestra sociedad de consumo.

Volvemos entonces a nuestra pregunta ¿Qué hace la fiesta? ¿Qué características debe tener un momento para decir “a esto es una fiesta”?… “No es muestra de habilidad organizar una fiesta, sino el dar con los que pueden alegrarse en ella[4]

Fiesta decretada

Dicho esto no es la organización la que hace la fiesta… ¿Qué es entonces? Todos hemos experimentado fiestas “huecas” muy organizadas, pero no nos regocijan precisamente… Recientemente el gobierno echó para atrás el proyecto de hacer coincidir las fiestas nacionales con el día de asueto, por motivos económicos. Por lo demás lo otro era poco inteligente, no es que no queramos alegrarnos con las fiestas nacionales, pero no colman nuestro corazón precisamente.

Pero esto nos lleva a la pregunta ¿A quién corresponde fundar una fiesta? Fiesta y conmemoración de un hecho importante para la vida de un hombre o de una sociedad es casi sinónimo. Pero eso nos lleva a la otra pregunta, la gran pregunta: ¿Cuáles son las razones para celebrar una fiesta? Razones legítimas, auténticas.

Responder a esto implica una concepción del hombre, hay una antropología, pues lo que está en juego es la realización de la existencia humana, somos lo que festejamos… la fiesta es vital, existencial. Cumpleaños, bodas, graduaciones, despedidas, motivos de grandes fiestas personales… Si hacemos la indagatoria en todos estos casos incluso en un funeral (por paradójico que parezca), ¡afirmamos la existencia de algo! La fiesta es afirmación, es ontológico. Vive de eso, en la fiesta litúrgica siempre decimos “amén, así sea, es decir,  ¡sí!

Fiesta-contemplación

La fiesta es alegría, aun si está escondida en la esperanza, por el consuelo que implica como en el caso de un funeral. La fiesta es alteridad, festejamos al otro, estoy feliz de que existas.  Es el otro que festejamos, ese “distinto” que buscamos después de lo cotidiano del trabajo. Este día de jubilo lo encontramos sobre todo en la fiesta religiosa.  Vale la pena sacrificar un día sin trabajar para festejar algo, un día de júbilo por, un día para perder el tiempo, contemplar, ¿Qué es digno de ser festejado, de poner luminarias y flores en las calles?  La bondad de lo que existe, y del otro, y sobre todo del Otro. Del Creador.  “Si en algún lugar se contempla la bondad divina, en el es digna de vivirse la vida del hombre por este hecho es inmortal” [5]

Finalmente la fiesta es un día hecho por Dios, es una abertura a lo divino, un portal momentáneo que se abre, interrumpe el curso ordinario de los asuntos humanos, entramos en otro tiempo, en el Kairós y dejamos el Cronos… Disfrutamos por instantes la alegría de ser creatura, de ser salvado, redimida, llamada, amada, esperado… ¿no es todo ello el sentido de las fiestas litúrgicas? En especial de las fiestas pascuales, eso sí que colma nuestro corazón.

Fiesta y conmemoración

¿Toda conmemoración es una fiesta? Las fiestas ciertamente por lo general tienen que ver con un suceso del pasado a conmemorar, a celebrar, haber nacido, etc. Pero es motivo de festejo algo que vale la pena, porque sigue siendo actual, “lo pasado no puede conmemorarse a no ser que la vida de la comunidad celebrante reciba de ello brillo y realce”. [6]

Entonces si juntamos los elementos que hemos estudiado en este café filosófico, la fiesta nos lleva a una experiencia de un cierto Bien-Fin; en ella hay ser, existencia (afirmación), hay verdad porque hay experiencia real, ¡lo falso no es festejable! hay libertad, pues es algo elegido, elijo ir, alegrarme, prepararla, recibirla; hay bondad en el bien que festejamos (la vida, una unión matrimonial, ser salvados)…  Y hay amor porque queremos permanecer unidos al bien que amamos. Algo así pues tiene un gran peso existencial ¿no es cierto? Vale la pena vivir para festejarlo.


[1] Karol Wojtyla. Persona y acción. P. 33

[2] Josef Pieper. Teoría de la fiesta. p 12. Rialp. Madrid 2006.

[3] Ibid. 12

[4] Nietzsche. Obras selectas. Porrúa. México 1985.

[5] Platón. El banquete. Oráculo de Diotima.

[6] Joseph Pieper. Teoría de la fiesta. p. 42