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Sobreviviendo a la pandemia de lo superficial

Sobreviviendo a la pandemia de lo superficial

El hombre en su ser cotidiano, se desenvuelve en distintos contextos: laboral, social, familiar, etc. Esto es bueno, ya que estas “salidas” de sí mismo, subliman lo que hay en su “yo profundo”, permitiendo ser funcional y eficiente, pero al mismo tiempo construyendo relaciones auténticas con el otro.

Por: Mauricio Adrián Rodríguez González

La experiencia que estamos viviendo a nivel mundial, con la pandemia del COVID-19, nos ha llevado a muchos de nosotros a cuestionarnos sobre aspectos elementales de nuestra manera de vivir, sobre nuestros encuentros y relaciones sociales, la forma en que trabajamos y la búsqueda de un Ser primero.

Nuestra vida está compuesta por experiencias, pero no siempre somos conscientes del sentido profundo que representa cada una de ellas. Podemos correr el riesgo de caer en un proceso de automatización y esterilidad, siendo incapaces de dar fruto.

Afortunadamente, esta experiencia también ha suscitado una reflexión constante acerca de lo esencial y verdadero. Tratando de seguir en la línea de la reflexión, compartiré desde una perspectiva filosófica, la importancia de tener experiencias profundas, fecundas y verdaderas; aun en los momentos o circunstancias adversas como las que hoy vivimos en el mundo.

El padre Marie Dominique Philippe propone tres principales experiencias en la filosofía práctica del hombre: el trabajo, el amor de amistad y la comunidad.[1]

“La experiencia está al origen de la admiración. Ella nos pone en presencia de una realidad distinta a la nuestra”(p.13)

Estar en presencia de una realidad distinta, implica una salida de nuestra persona, esa salida nos llevará a un verdadero encuentro, y para que exista encuentro la salida se da desde dos puntos.

Paralelamente se encuentran la experiencia del trabajo y el amor de amistad, pues estas “son las más connaturales al hombre, y le permite captar cuanto él es” (p.17), estas dos nos llevan a la tercera experiencia: la comunidad, cooperando en la búsqueda de un bien común.

Sin duda alguna, nuestras relaciones laborales, de amistad y de colaboración, han tenido irremediablemente que adaptarse a la realidad que vivimos en esta pandemia, despertando en nosotros la creatividad para fortalecer estas tres experiencias.

La tecnología; los medios digitales, realmente han sido la herramienta que ha permitido que se dé el encuentro. Definitivamente esta realidad no sería la misma sin la tecnología. El P. Philippe se refiere a esto cuando dice que “el hombre es capaz de dominar el universo transformándolo, utilizando por medio las herramientas que él se fabrica”. (p.23) Realmente el hombre ha sido capaz de propiciar una transformación, pero implícitamente también dichas herramientas lo han transformado a sí mismo, impidiendo que sea una experiencia con sentido profundo, en el peor de los casos alejando en lugar de acercar.

La experiencia del amor de amistad, permite al hombre descubrir ya no la materia, sino al hombre mismo, al que es su semejante, a quien puede considerar y amar como a sí mismo”(p.25), esto debería de llevar al hombre más cerca de la realidad, porque se da un encuentro de dos iguales, sin embargo, hoy en día, la situación nos ha limitado a tener este encuentro precisamente utilizando los medios digitales. Parece paradójico, pero el “encuentro” del hombre es posible ahora a través de la herramienta.

Es entonces cuando “la persona humana ya no es mirada más que como una materia capaz de ser transformada”(p.30). Cambia la visión, y de alguna manera se da la “deshumanización”.

El hombre en su ser cotidiano, se desenvuelve en distintos contextos: laboral, social, familiar, etc. Esto es bueno, ya que estas “salidas” de sí mismo, subliman lo que hay en su “yo profundo”, permitiendo ser funcional y eficiente, pero al mismo tiempo construyendo relaciones auténticas con el otro.

No tener esta “salida” convierte lo antes sublimado, en un nuevo síntoma; un malestar, que se ve manifestado en el contexto al que ahora el hombre está limitado a vivir: la familia.

“El primer bien común, el más hacendado y más natural, es el de la familia. Esta implica el amor de amistad del hombre y de la mujer, ella está fundada sobre su libre elección recíproca” (p.39)  y se da una auténtica fecundidad, a través de la vida de los hijos.

Según declaró la Secretaria de Gobernación de México, en el mes de abril “la violencia contra mujeres y menores de edad dentro de los hogares aumentó en 120% desde la declaratoria de emergencia y confinamiento”[2]

Los números son alarmantes y confirman lo antes reflexionado. Es por eso necesario que en esta situación crítica, propiciemos de alguna u otra manera la experiencia del encuentro. Es vital, para el hombre salir. Hoy, salir, literalmente, es exponerse a un contagio y de manera psico-emocional; salir, hoy es cuestión de sobrevivencia.

Después de reflexionar sobre estas tres experiencias de nuestra vida, el P. Philippe nos da una pista, descubriendo la “salida”, donde encontraremos realmente la felicidad. “la dicha del hombre es personal y no puede provenir del bien común. Este debe disponer a la dicha, pero no la puede dar directamente, no puede ser fuente inmediata de la felicidad. Es la persona, la que debe descubrirla ella misma, ya sea por el desarrollo del amor de amistad, sea por la adoración y la contemplación del Ser primero”(p.42)

Esto nos permite concluir que en esta constante búsqueda, de la verdad y de la felicidad perfecta, lo elemental es la actitud que nosotros tomamos, la disposición y receptividad, y solo así, desde nuestra realidad (cualquiera que sea) se podrá experimentar esa salida, y el encuentro ya no será con el otro, sino con el Otro que llamamos “Dios” nuestro creador.

Quedarse en una simple visión humana y filosófica, seria limitarnos. Justamente todas estas experiencias dentro de la filosofía práctica nos disponen a dar “el salto de fe”, pues siempre habrá algo que no podamos comprender o asumir, con una visión cristiana podemos afirmar que “la fe es garantía de lo que se espera”.[3]


[1] Philippe, M.-D. (1991). Carta a un amigo. Paris: Editions Universitaires.

[2] Monroy, J. (16 de Abril de 2020). Segob: violencia intrafamiliar aumentó 120% desde la emergencia del Covid-19 Obtenido de El Economista: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Segob-violencia-intrafamiliar-aumento-120-desde-la-emergencia-del-Covid-19-20200416-0111.html

[3] Hebreos 11,1

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